Virtuoso hasta el final
del clásico y del flamenco
era Antonio Catalá
el más querido Maestro
Era un fiel representante
de su música querida
la defendió con su arte
hasta el final de su vida
Fue un esclavo de sus notas,
de los arpegios, un talento
de la guitarra, su amo
de los tremoles, un portento.
La quiso como si fuera una hija.
La respetó como si fuera una madre.
La mimó, como a un nieto o una nieta
La defendió, como un soldado de Flandes
Los Re, los Si y los La
los sostenidos, los tiempos
los tocaba Catalá
con la magia de sus dedos
Ya no oigo su guitarra
ni sus discursos flamencos
ni escucho las melodías
que mis oídos sintieron,
ahora ya las toca arriba
junto, con otros maestros
María A. Catalá
08-09-2005

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