El
cielo es para los pobres,
según
nos dice
una
Bienaventuranza.
Y
la tierra de los ricos
y
no, del que la trabaja.
Ellos
asumen los pecados
de
los bienaventurados
porque
juegan con ventajas
y
sino existiera cielo,
o
sino fuera la Gloria
con
lo que llevan vivido,
es
seguro, que les sobra.
No
se, si existirá este Cielo.
No
se, si Dios
es
tan bueno y poderoso.
Más
no me parece justo
que
unos se llenen de gozo
(se
entienden que son los ricos)
y
otros, (en este caso los pobres)
carguen
en esta vida
con
casi todo.
Ya
veremos
el
final de este galimatías
cuando
llegue ese momento.
Pero
no estoy tan segura,
si
iré al Cielo o al Infierno.
María
A. Catalá
21
octubre 20005

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