Confundimos,
orgullo con
vanidad.
Defendemos lo
primero
con tanto poder y
ahínco…
que al final lo
convertimos
en un vulgar
pecadillo
La vanidad es
contraria
a la pura
sencillez.
El vanidoso se
ensalza
en halagos y
florituras
porque él sólo se
basta
defendiendo su
postura.
Los elogios a su
persona
más que valores,
resultan, una
tortura..
Sopesando mi
actitud,
si tuviera que
escoger,
elegiría: la
humildad.
Ésta, sería la mía;
porque admiro en
las personas
su franqueza y
sencillez.
Por eso defenderé
esta cualidad
humana
porque trata por
igual
al noble y a la
criada.
Espero entre mis
pecados
no tener este defecto,
pero sino lo
detecto
(acaso por
vanidad),
agradezco que lo
digan
porque os digo de
verdad:
me gustaría ser
sencilla
María A. Catalá
20-09-2005

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