¡Qué
prontito te marchaste!
¡Y
cuánto, te echamos de menos!
Ni
si quiera te esperaste
A
conocer a tus nietos.
¡Con
la ilusión que te hacía
Que
tu hijo se casara
Queriendo
ser la madrina
de
esa boda que soñabas!
y
en julio, se cumplen treinta
los
que llevas ya enterrada.
Qué
prontito te marchaste
no
disfrutaste de nada.
Allí,
te dejé mis rosas
en
aquella helada tumba.
No
estuviste con nosotros
y
no, lo estarías nunca.
Siempre
te recordaremos
por
tu bondad y actitudes,
y
a tus nietos le diremos
quien
fue su abuela Virtudes.
No
quiero ponerme triste
al evocar los recuerdos
Recordarte
como eras
Será
mi mayor consuelo.
María
A. Catalá
Julio
2004

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