Con frecuencia
y no, como excepción
(que sería lo razonable)
se compara a las personas
igual que a los animales
quitando méritos propios
a estas pobres criaturas
que por ser irracionales
juegan con la desventaja
del resto de los mortales.
Cuando un humano
comete una atrocidad;
lo primero que se dice
¡Míralo, el animal!
¡Qué burro que llega a ser!
¡Más pareciera una hiena
que una persona con seso!
Mucho más y todo eso
decimos los racionales
comparando a los humanos
en su faceta más sucia
con los pobres animales.
Ellos, poseen el instinto,
carecen, de inteligencia.
¿En que se excusan los hombres
para comparar
la sabiduría humana
con la de un pobre animal?
Muchos delitos que cometemos,
ellos, no lo harían;
es más, hay veces,
que hasta nos salvan la vida.
Tendremos que medir
nuestras palabras
al compararnos,
con seres “irracionales”,
porque, podríamos ofender
a ciertos animales.
Nuestra actitud ante ellos,
no es siempre, la correcta,
pensamos, que no entienden
y a veces, nos ganan
en sentimientos y sapiencia.
María A. Catalá
20-06-2006

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