Estos
versos tan escuetos,
tan
simples y tan sencillos,
van
dedicados a vosotras
superabuelas
del mundo
por
vuestra dedicación
vuestro
amor y vuestro cariño
que
nos disteis en la vida
a
nosotros y nuestros niños.
Sois,
los auténticos pilares
en
que se basa la sociedad.
Ejercéis,
ahora de abuelas
y
antes de madres
sin
pedir, sin preguntar.
Si
cabe, con más ternura
y
diría con más paciencia
porque
los años en la vida
os
la dio, como experiencia.
Demostrémosle
el cariño
que
nos dieron tantas veces
prestándoles
la atención
que
justamente, merecen.
Me
arrodillo ante vosotras
abuelas
de todo el mundo
por
mimarnos en nuestra infancia,
y
sólo espero,
que
el día de vuestra marcha
no
tengáis la desgracia
de
sentir la soledad
por
valores distraídos
de
ésta triste sociedad
María
A. Catalá
31-08-2009

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