Añoro,
hoy a mi tierra
al
recordar el sabor
de
las gambas de Melilla
¡Qué
buenas!
Qué
bien se pelan!
¡Que
sabor tan exquisito!
no
existe gamba en el mundo
con
los mismos requisitos.
Blanca,
ni gorda ni pequeña,
echadas
solas en la plancha
con
un puñado de sal
acompañadas,
con una fresca cerveza.
¡Qué
ricas son, esas gambas de mi tierra!.
Volveré
otra vez a catarlas,
no
sea, que desaparezcan.
(no
me extrañaría nada
por
lo mal, que anda la pesca.)
Conservarlas por favor
como
si fuera un tesoro
que
semejante manjar
ha
de servir para todos
María
A. Catalá
2006-03-08
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