A ti, me dirijo yo.
A ti, mí querida tía
y te dedico estos versos
por el esfuerzo y coraje
que le echas a la vida.
Jovencita te casaste
(creo que fueron 18)
y de hijos te cargaste
casi demasiado pronto.
Siempre fuiste una madraza,
una gallinita clueca
arropando a tus polluelos
sin descanso y sin tregua.
Tendrías que dedicar un poco,
a tu vida, a tu persona,
tus hijos ya son mayores
y se las arreglan solas.
Te llenaste de coraje
ante aquella enfermedad
que conociste ya antes,
algunos años atrás;
y sacaste esa energía
esa, que llevas guardada
para ayudar a tu hija
para que así, se salvara.
Pero no tuviste suerte
y el cáncer te la quitó
llevándose tus entrañas,
y parte, de tu corazón.
Ahora estás otra vez,
con ese mismo problema
luchando por los dos frentes
al que el destino te lleva.
Pero de nuevo mi tía
saca ese coraje suyo
y le planta cara al cáncer
con su esfuerzo y con su orgullo.
Ésta vez no dejará
que la ataque a traición
porque ya está prevenida
y se sabe la lección.
Que te vea muchos años
animándonos a todos
no puedes faltar Margari
porque eres un tesoro
María A. Catalá
Septiembre 2004
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