Cuando aquella noche oscura
está llegando a su fin
se asoma la madrugada
para empezar a vivir.
El sol enseña sus pestañas
pero una nube perdida
se adelanta y lo tapa.
El sol lucha con más fuerza
sin dejar que lo arrinconen
pero la nube se aferra
en tapar sus resplandores.
La Luna que está apartada
no entra en la discordia
porque no puede hacer nada
ella sabe que en la noche
será la reina adorada
Pero el sol sigue insistiendo
asoma por la montaña
y termina apareciendo
¡Se acabó, la madrugada!
¡Ya es de día!
¡Ya tenemos claridad!
Nos durará doce horas
y se volverá a apagar.
No aparezcáis nubes negras
que el día, precioso está.
María A. Catalá
16-03-2004

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