Se evapora, la dichosa juventud
como el agua en los pantanos.
Nos quedamos, sin salud,
sin fuerzas para afrontarlo.
Caemos en la languidez
en la aplastante agonía
y volvemos a la ignorancia
olvidando por desgracia
los hechos de actualidad
y recordando,
las cosas de nuestra infancia.
Aparecen enfermedades,
que impiden los movimientos
quedándose el cuerpo muerto
con males generativos
que dejan al individuo
aprisionado en su cuerpo.
¡Qué difícil de llevar
la cruel incapacidad
teniendo que depender
de otras personas
El fin se junta con el principio
sólo hay una diferencia
que al principio, somos
unos cándidos ignorantes
y al final
de todo nos damos cuenta.
Una senectud más digna
más libre y más humana
me gustaría disfrutar
si es que a vieja yo llegara.
María A. Catalá
24-09-2005

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