No siempre salen las cosas
como lo habíamos previsto.
Se demoran,
o simplemente se tuercen
aquellos planes improvistos.
Pero, no hay que desesperar
ni ponerle tantas pegas,
no hay que hundirse
con ese y otros problemas.
Todo tiene solución
de una manera u otra.
Todo tiene una salida,
una respuesta;
al final, se soluciona.
¿Para qué desesperarse
preocupando nuestro ego?
Calma, tranquilidad
¡y a pensar!
¿de qué nos vale el cerebro?
Pues claro,
ya se resolvió el enredo.
Todo vuelve a funcionar
con un poco de paciencia.
La vida, vuelve a brillar
¿Para qué tanta exigencia?
María A. Catalá
30-09-2006
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